Durante la crisis sanitaria, el impacto no solo golpeó la salud, también desestabilizó profundamente el mundo laboral. Para contener una ola de despidos, el Gobierno de Chile activó la Ley de Protección al Empleo, permitiendo a las empresas pausar temporalmente las relaciones laborales sin perder el vínculo con sus trabajadores.
Superada la emergencia inicial, el nuevo reto era reactivar el empleo. Para ello, se diseñó el Subsidio al Empleo, una política pública con foco en la recuperación del trabajo, articulada en dos líneas concretas:
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Regresa: incentivo para que las empresas reincorporen a sus trabajadores suspendidos.
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Contrata: apoyo directo para fomentar nuevas contrataciones.
Una medida que transformó la contención en impulso, y que puso al trabajo como eje de la recuperación económica y social.



